Si un humano saliera al espacio exterior y le dijeran que se hiciera una imagen mental de su sistema solar, tendría una imagen parecida a la de un huracán en un mapa del clima. En medio de la tormenta estaría su estrella, el sol. Alrededor giran los planetas, de distintos colores y tamaños. El planeta azul es su casa. No sé por qué diantres le pusieron Tierra. Los humanos son así. La palabra Tierra no me sugiere algo azul.

Si un dragón saliera al espacio exterior no tienen que decirle que se haga una imagen mental de su sistema solar, la está mirando y la tiene, le dicen que lo transforme en palabras, (primero tendría que aprender a hablar, se preguntaría para qué hace falta y se negaría… caramba estoy divagando) si quisiera describirlo en palabras diría que es como un huracán en un mapa del clima. En medio de la tormenta, una estrella más pequeña y brillante que el sol. Alrededor giran los planetas, de distintos colores y tamaños. El planeta verde brillante, casi fosforescente, es su casa. La imagen mental de ese planeta podría describirse como una luciérnaga brillante en un cielo nebuloso. Los Dragones no usamos palabras, pero el hogar tiene un nombre. El nombre que sugiere la imagen mental.

Que Sebastian me dijera que el señor Richard, (que es algún tipo de criatura mágica en un mundo donde no hay magia) quería que robaran unos libros con la historia de una luciérnaga, ha disparado todas mis alarmas.

Por primera vez en mi vida humana no tengo apetito, un nudo en el estómago me tiene revuelta, inquieta. En el fondo de mi cerebro hay algunos hilos formando una pequeña madeja. La madeja está enredada y no puedo seguir ningún hilo en particular. No obstante le veo el sentido y veo el vínculo. Tengo más interrogantes que respuestas.

Tengo una cosa muy clara, en este mundo no deberían conocer nada acerca de Luciérnaga, a menos que alguien de allá hubiera estado antes aquí, si yo estoy aquí y sé cosas, es perfectamente posible que otros también hayan venido y que también supieran cosas.

Tal vez los Dragones corren peligro, o nuestro mundo entero, por eso la magia me trajo hasta aquí, para protegerles. Ya podría haber traído a alguien más competente, tengo un mal presentimiento, esto me queda grande y me estoy asustando de verdad.

Tengo que calmarme o voy a empezar a hiperventilar.

Más de una vez me he dejado llevar por suposiciones. Los errores no han sido catastróficos, pero quién me dice que no será la próxima vez cuando meta la pata hasta el fondo.

Tengo que despejar la mente, meditar un poco, el mantra de hace semanas no ayuda. Hay que buscar uno nuevo.

Soy K, un dragón hembra, en un cuerpo sin poderes, demasiado joven, que no sabe una mierda, que se ha equivocado un montón de veces, que pasa hambre, que no quema ningún bosque, para nada soy alucinante. ¿Qué me queda? Sigo siendo inteligente, sigo teniendo mucha fuerza de voluntad, sigo teniendo una buena vista, si de piromanía se trata, nos queda el recurso de la gasolina y el mechero. Y tengo a Sebastian.

¿Y a mí que me pasa con Sebastian?

Tengo remordimientos y sentimientos de culpa. Eso me pasa. Le he mentido a más no poder. Piensa que soy su hermana. Ha confiado en mí y me ha contado todo, a riesgo de que yo le creyera un chiflado, lo cual hice. Sigo mirándole a la cara y tan fresca me hago pasar por lo que no soy. Me enojo con él, le amenazo con darle una paliza y de verdad en ese momento estaba siendo sincera, me siento como una mierdecilla. Las mierdecillas no son heroínas, no protegen, ni salvan a nadie. Así que a mi nuevo mantra habrá que ponerle un nuevo adjetivo, uno con mayúsculas, el de mentirosa.

Será mejor que duerma, mañana seguro podré pensar mejor. Con tanto pesimismo no voy a ningún sitio.

Al día siguiente no estoy tan mal. De ninguna manera voy a hablarle a nadie de Dragones, de magia, ni de Luciérnaga. Lo siento por Sebastian. Lo único que puedo hacer es tratar de cuidarlo, que no salga lastimado en esta historia, físicamente al menos. Cuando todo se arregle y me vaya, si no encuentro manera de devolverle a Soe, lo va a pasar chungo, aunque creo que si se la devuelvo lo va a pasar chungo igual.

***

Nos tropezamos abajo, buscando comida. Anda con Póker pegado a los talones. Se acerca y me besa en la mejilla. Mi madre nos mira intrigada, sonríe. Seb se acerca a mi oído y me dice –Te espero fuera –pero no lo dice en secreto como esperaba, lo dice alto y mi madre ensancha un poco la sonrisa en su rostro.

Salgo al rato y está sirviéndole en un plato la comida a Póker. Me siento en el murito bajo, que divide la pequeña terraza del patio trasero, con los pies hacia el patio y de espaldas a la casa.

—¿Te has acordado de devolver los mensajes a tus amigas? —me pregunta y yo asiento –anoche leí el artículo de El desvelado. Si Esteban está muerto, ¿quién crees que lo mató? –me encojo de hombros y el sigue –evidentemente se robó los libro y el bastón del museo. Si Alex estuviera muerto habría aparecido el cadáver ¿no crees? –vuelvo a encogerme de hombros –Estás muy conversadora. Me estás atormentando con tantas palabras –le sonrío con desgana –Tengo un plan. Anímate. Podemos describirlo como una aventura.

—¿Estás buscando que te maten? —le pregunto alarmada

—No lo creo –me dice –piensa, Soe. Si fuera Alex quién mató a Esteban ya hubiera venido a por mí, además, el que más pinta tiene de asesino en esta historia es el vampiro, que no sabe nada de mí.

—Los vampiros no existen, Seb

—Déjame seguir que pierdo el hilo –sigue diciendo –entonces, si el vampiro dejó tirado el cadáver de Esteban, ¿por qué no ha dejado tirado el cadáver de Alex? Hay dos posibilidades. O Alex no está muerto y tiene los libros y el bastón y se ha escondido, o si está muerto y el vampiro se hizo con el premio, desapareciendo el cadáver de Alex para despistar a la policía, haciendo que persigan el fantasma de Alex que supuestamente es un asesino y un ladrón.

—Hay una tercera opción

—¿Cuál? – me pregunta muy serio

—Una que no se te ha ocurrido y en la que haces que te maten.

—A mí sólo no, en todo caso nos van a matar a los dos, porque contaba con tu ayuda –me dice sonriendo –ya sé que eres más inteligente y más valiente que yo, pero por mucha voluntad que le pongas, esta vez no me vas a dejar fuera.

Volver | Seguir leyendo