La caminata va a ser larga, por lo que puedo deducir estamos dándole un rodeo completo a la ciudad por la parte norte, supongo que terminaremos en la arboleda del patio trasero de casa, no conozco el terreno pero dejo que Sebastian me guíe. Los primeros diez minutos los pasamos en silencio y después le pregunto

—¿Cuántos años tienes?

—¿En serio? —Pongo cara de circunstancias y después de resoplar me responde –quince. Voy a tener que rogarte o me vas a contar qué pasó

Le cuento lo ocurrido omitiendo la parte en que la causa de la muerte de Nicolás fue la combustión. Camina atento a dónde pisamos, lanzándome una ojeada en las partes interesantes. Cuando termino de relatarle el asunto me dice y sé que lo dice desde el corazón.

—Gracias. Eres la caña como hermana. Pero, ¿estás segura que mataste a Nicolás? A los vampiros hay que clavarles una estaca en el corazón. Aunque a lo mejor es una leyenda porque dicen también que tienen súper fuerza, no creo que tú pudieras con uno a mano limpia.

—Los vampiros no existen, Seb. Y sí que está muerto.

—Pero si tú misma lo viste —argumenta

—No sé qué cosa es esa criatura, pero no es un vampiro.

—¿Pero está muerto? Los vampiros no respiran ni tienen pulso. Podría haber estado desmayado y estar detrás de nosotros ahora mismo

—Por Dios Seb, esa cosa estaba viva, respiraba y tenía pulso cuando le agarré por el cuello, cuando le solté estaba muerto y después de soltarlo, su cuerpo se convirtió en cenizas –el último argumento me lo saco de la manga.

—¿Ves? Eso encaja, dicen que cuando matas a un vampiro se convierte en cenizas

Le lanzo una mirada asesina y aprieto el paso. Por fin se queda callado.

Ya casi hemos llegado cuando pregunta

—¿Entonces, no tenemos nada?

—No sé yo…. Se ha quedado un cajón por revisar. Además hemos averiguado que esas cosas se hacen pasar por humanos, así que, hay que andar con ojo avizor y desconfiar de todo el mundo. Tenemos que ser muy cuidadosos. No puedo quedarme sola con esto a cuestas. Hoy casi te matan. No sé qué haría si te matan.

Levanto la vista y nuestros ojos se encuentran, Tengo una emoción extraña en el pecho. Algo en su mirada me dice que él está sintiendo exactamente lo mismo. Es algo parecido a lo que siente un Dragón cuando comparte imágenes mentales con otro. Entendimiento, comprensión, no sé, no puedo explicarlo en palabras, tengo la imagen mental. Una imagen hermosa.

Nos tomamos de la mano, entramos al patio trasero y nos soltamos al entrar en la casa.

Nos separamos arriba, cada cuál va a su habitación, estoy impresionada por lo sucedido. La forma en que he matado a esa cosa. La furia porque le iba a hacer daño a Seb. Trato de analizar el vínculo que siento con Seb. No hay palabras para explicarlo. Es importante. Me siento responsable por él. No es exactamente eso pero por ahí andan los tiros. No he sentido nunca un vínculo igual, ni por otro Dragón.

Mis manos estaban incandescentes, tiene mucho sentido, en mi pecho ardía el fuego, tenía ganas de destruirlo, de convertirlo en cenizas y al parecer lo he conseguido. Parece que después de todo no me hacen falta mecheros. Al final lo encuentro lógico, un Dragón es un Dragón donde quiera que esté.

Me meto al cuarto de baño, subo la temperatura del agua a 42 grados, antes de entrar a la ducha trato de concentrarme en reproducir nuevamente el incidente. Me miro las manos con impaciencia. No sucede nada. No encuentro la manera de volverlas incandescentes. Me doy por vencida y me doy esa ducha, estoy cochambrosa y sudada a más no poder.

Tengo un hambre que da miedo. Paso por la habitación de Seb antes de bajar. Le toco a la puerta suavecito, nadie me responde y bajo las escaleras. Lo encuentro abajo, sentado en el salón, me lanza una mirada cómplice y le sonrío. Voy a sentarme a su lado y me recuesto a su costado. Nos miramos y sonreímos a la vez. En ese momento se abre la puerta principal y entra nuestro padre por la puerta. Nos mira con extrañeza, pero se distrae enseguida con mi madre que sale de la cocina secándose las manos y le da un beso de bienvenida. Sus labios se encuentran un momento y me parece muy dulce la forma en que se miran.

Siempre pensé que los humanos eran diferentes y lo son. Estoy divagando nuevamente, lo que quiero decir es que no son tan horribles, no expresan lo que sienten cómo nosotros. No nos parecemos en nada pero hay una esencia similar.

Cuando más concentrada estoy en el asunto y pienso que ya puedo darle forma con palabras, mi madre me pide que la ayude en la cocina y Seb se levanta para ir conmigo. Nos dejamos llevar por el quehacer y en mi mente tengo la imagen mental. Es una vista aérea de una cocina, con una auténtica familia dentro. El lazo que los une no puede verse a simple vista. Es una energía que flota en el aire. Creo que algunos humanos son muy afortunados, aunque no sean muy conscientes de ello.

***

Es muy tarde en la noche, estoy tumbada de espaldas en la cama, mirando el techo sin pensar en nada. La casa está silenciosa y escucho unos toques tímidos en mi puerta. Retiro la manta y camino descalza hasta la puerta, sabiendo en todo momento que al otro lado está Seb, le abro y le hago espacio para que entre, lo que no espero es que Póker venga detrás.

Cierro la puerta tras ellos y Seb me susurra

—¿Te parecería muy raro si quisiera meterme a tu cama?

Me río y niego con la cabeza. Supongo que se siente inseguro sólo. Después de todo hoy casi le han matado. Yo también tengo temor a quedarme dormida. Me hace vulnerable. Comprendo que la compañía no me aporta más seguridad. Es absurdo pero por alguna razón me tranquiliza que esté conmigo. Me deslizo bajo la manta nuevamente y le hago espacio, se meten uno detrás del otro y nos abrazamos en silencio.

Amanecemos hechos un nudo con el perro sobre nosotros. Despierto sobresaltada, Seb está babeándose en mi almohada y el perro en la manta, pero no me importa, me ha gustado que pasaran la noche conmigo. Me doy cuenta de que ya no me parece tan horrible ser humana. Le sacudo suavemente y lo despierto, le digo que se tiene que ir a su cuarto, que ya ha amanecido. No es que hayamos hecho nada malo pero sería muy raro si nos vieran nuestros padres. Me levanto primero y doy un vistazo al pasillo, Seb va a salir por la puerta y yo le digo

—Dejaré la puerta abierta cada noche, puedes venir con Póker cuando quieras.

Se ruboriza y asiente.

Vuelvo a la cama por gusto, no voy a dormir de nuevo, me quedo mirando el techo con la mente en blanco, me siento serena y centrada. Al rato ya le estoy dando vueltas a la idea de volver a colarme a esa oficina.

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