En pocos minutos ya tengo un plan trazado para mi futura incursión en la oficina del terror. Me siento un poco perezosa por estar tirada en la cama. Doy un vistazo al reloj y compruebo que es muy temprano para andar deambulando por ninguna parte.

Me siento frente al portátil y pruebo a investigar en la fuente de información más amplia del hombre, la internet. Estoy segura que estamos en presencia de una especie no conocida, si es terrestre se ha mantenido en la sombra, aunque a mi me huele a el despliegue de reconocimiento previo a una incursión. Me encuentro con que la red está plagada de teorías de conspiración al respecto.

Algunas características de las supuestas criaturas llaman mi atención, unas confirman la información que ya tenemos Seb y yo, otras las pongo en duda, como que vivan en centro de la tierra, lo cual me parece totalmente descabellado, y la invisibilidad la pongo en la lista de posible, pero no confirmado.

Que son astutos, que cambian de forma, que manipulan la mente humana y que tienen un plan perverso, lo tengo más que claro.

Decido hacer un recorrido por la mitología humana en busca de algún precedente y ahí me tropiezo con una sorpresa, bien desagradable. En las leyendas los hombres han puesto a estas desagradables criaturas en el mismo saco que a los Dragones. Sus mitos son un batiburrillo de nuestra naturaleza y la de estos seres, sin orden ni concierto. Como es de suponer las descripciones van desde dioses guardianes poseedores de gran poder y sabiduría hasta las más malévolas criaturas codiciosas y crueles.

Algo hay que llama mi atención y es que en las leyendas más antiguas narran enfrentamientos y guerras entre estos supuestos Dragones. Partiendo del hecho de que los mitos nacen de hechos inexplicables a los ojos inexpertos, llego a la conclusión de que es posible que el origen de la leyenda se fundamente en que seamos enemigos naturales, aparentemente no es la primera vez que ambas especies rondamos por aquí. Tomo nota mental de cuanto he leído y cerca de las nueve de la mañana, lo dejo.

Siento los pasos apagados de Seb en el pasillo cuando ya llevo un buen rato lista para empezar el día, le intercepto y bajamos juntos.

En la mesa de la cocina me pasa un papelito mientras desayunamos. Lo leo y veo que ha pasado la mañana investigando en internet. Lo malo es que su investigación se centra en las leyendas de vampiros. Aunque está completamente errado, aprecio el esfuerzo y la capacidad de tratar de mantener la objetividad. Ha asociado el mito a posibles enfermedades reales, como la hidrofobia, la porfiria o la xerodermia pigmentaria.

—No estamos tratando con esto –le digo señalando con el dedo el papel que me ha dado y ahora descansa junto a mi plato.

—¿Tienes una idea mejor?

—Reptiloides, creo. Alguna especie alienígena o algo por el estilo.

—También me pasó por la cabeza —se mete la mano al bolsillo, saca otro papel, lo despliego encima del de los vampiros y veo resumido el batiburrillo que he leído en internet –deseché la teoría porque me parece muy contradictoria y no le encontré mucho sentido.

—Depende, yo también he estado en eso por la mañana y me parece que los antiguos están describiendo en sus mitos a más de una criatura.

—Así sí que podría considerarse la teoría –se queda pensando un poco y me pregunta —¿Qué crees que pretendan?

—No lo sé, pero bueno no es. De momento necesito que me ayudes. Hay que pararles los pies, pero si nos ponemos a hablar de esto sin control nos van a internar a los dos. Sin contar que estaríamos arriesgándonos a que estas cosas nos sigan hasta aquí.

—¿Qué hay que hacer?

—Primero que todo vamos a proteger nuestra identidad

—¿Ahora vamos a ir de súper héroes? –pregunta con mordacidad

—No, pero ayer fuimos como atontados a hacer allanamientos a rostro descubierto, si nos hubiéramos topado con más de uno, o nos hubieran visto desde lejos ahora estaríamos muertos o en un lío. Primero. A partir de ahora no nos movemos sin algo que oculte quienes somos y sin estar armados.

Levanto la vista de mis tortitas y le veo con cara de asustado. Está empezando a ponerse nervioso, así que pongo mi mano sobre la suya y se la sujeto con firmeza, para infundirle algo de mi valor.

—Yo no voy a dejar que te lastimen –le digo –siempre voy a cuidar de ti.

—¿Y quién va a cuidarte a ti?

La pregunta me deja desconcertada, porque en sus ojos estoy leyendo su temor por mí. No ha hecho la pregunta porque desconfíe de mi capacidad sino porque tiene miedo a que algo me ocurra.

—Tú cuidarás de mí, Seb.

—Vale… Segundo…

—¿Qué?

—Has dicho primero, ¿Qué es lo segundo? –me dice haciendo un gesto con la mano que indica ¿qué sigue?

—Si….Segundo. Necesitamos algún medio de transporte, por si hay que moverse con prisas. Tercero. Necesitamos aliados, pero hay que andarse con mucho cuidado, no podemos confiar en nadie a la primera, antes de integrar a nadie hay que estar seguros de que serán discretos y que no están en el bando contrario. Por último hay que investigar más. Lo ideal sería poder interrogar a una de esas criaturas.

—No haberte cargado a Nicolás —comenta con humor y a continuación me pregunta –¿es todo?

—De momento, lo demás lo tengo controlado. ¿Hay algo en la lista de lo que puedas hacerte cargo?

—El transporte. ¿Un quad nos sirve?

—¿Te estás quedando conmigo? –le pregunto irritada –necesitamos ser sigilosos.

—Entonces no se me ocurre nada.

—Voy a llamar a Karina y a Pilar, veremos de qué forma las engaño para algo que tengo que hacer. Limpia un poco este desastre que voy a por el móvil.

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