Se queda en la cama un par de horas después de despertar. No se siente animado. Se acostó pensando en la bici de Lucas. Se ha levantado recordando el rostro de un hombre en una foto. Se baja de la cama. Del armario saca su maleta casi vacía. Se sienta en el suelo para abrirla. Adentro hay un par de libros, su cámara. En un bolsillo interior, dentro de un sobre de papel, unas cuantas fotos del parque, sus preferidas. Las repasa una a una.

Cuando baja, lleva la cámara colgada al cuello. Hay toda una revuelta en la casona. Tres mujeres charlan mientras friegan los suelos y quitan el polvo. Les da los buenos días sin detenerse. Continúa hasta la cocina para encontrar a Acacia, nuevamente uniformada. La chica corta unas frutas. Al verlo llegar sonríe y le pone unos trozos en un plato.

—Gracias —le dice con gentileza devolviéndole la sonrisa

—¿Vas a hacer fotos en la hacienda? —pregunta ella entusiasmada

—Si, quiero llevarme algunos recuerdos de Olivia y Anubis.

—Pues deberías aprovechar que el señor Gabriel los ha sacado temprano, anda correteando por ahí con ellos, probablemente ya esté a punto de marcharse —le anima ella

Mauricio se acerca a la puerta del patio, ve los caballos sueltos a unos cien metros de la casa. Su dueño está sentado sobre un tronco de madera cortado, bajo la sombra de un naranjo. Se le ve disfrutando de la visión que ofrecen sus espléndidas bestias.

Mauricio les enfoca, les hace un par de fotos. Con pasos lentos se reúne con Gabriel que se alegra mucho al verle.

—¿Qué? ¿Vienes por otro paseo? —le pregunta Gabriel después de saludarle

—Hoy no —responde el chico —tengo muchas cosas en la cabeza. La verdad es que estoy en un dilema. No se cómo proceder.

—Si puedo ayudarte, sólo tienes que decirlo —le dice Gabriel

—Creo que nadie puede ayudarme, tengo que pensarlo bien, antes de decidirme —el tono del niño es renuente, por lo que Gabriel se corta, decide que es mejor cambiar de tema

—He conocido a tu mamá —le dice Gabriel relajando el ambiente —Es muy enojona, parece que le preocupaba que estuvieras hablando con un desconocido como yo.

—Siempre está preocupándose por gusto —replica el niño  —mi abuela no iba a dejar a un desconocido guardar sus animales en su casa.

—Por cierto, creo que la hemos llamado con el pensamiento

Dani se acerca caminando despacio hacia ellos, trae en la mano unas manzanas. Mauricio al verla se envara un poco. Danielle no se queda junto a ellos. Ella da los buenos días y sigue de largo para acercarle las frutas a Anubis y a Olivia, que comen de su mano como si le conocieran desde siempre. Mauricio no puede resistirse y le hace un par de fotos antes de ponerse de pie.

—Tengo que irme —se disculpa con Gabriel que le responde

—Hasta luego

No se va al interior como en un inicio pensó Gabriel. El niño camina por el costado de la casona hasta la parte delantera. Busca donde acomodarse en una sombra y allí se sienta. Desde dónde está puede ver a su madre que se aparta de los caballos y se acerca a Gabriel. Pasados unos minutos se sienta cerca del hombre. Aunque no escucha de lo que están hablando, los ve.

Se queda pensativo, después de un tiempo se recuesta en la hierba mirando al cielo. El ruido de un coche acercándose por el camino de grava, lo hace incorporarse. Dentro del coche una pareja. Mauricio no los conoce, tal vez sean invitados de Tina y por eso había tanto ajetreo en la limpieza. La curiosidad puede más que él. Se mete a la casa por la puerta del frente para averiguar.

Al entrar su abuela tiene una mueca de disgusto pintada en el rostro. La pareja de recién llegados tienen una actitud extraña. Ambos se vuelven a mirarle en cuanto hace su entrada. La desconocida hace un intento de dirigirse a él y Tina la fulmina en el acto con un “ni se le ocurra” para inmediatamente ordenarle a él

—Sube a tu habitación Mauricio; pero primero pasa por la cocina y dile a Acacia que haga venir a tu madre al salón.

Mauricio obedece, al regresar sube las escaleras, sin dejar de mirar a la pareja. Al llegar a lo alto va hasta la puerta de su habitación para abrirla y cerrarla de un portazo sin entrar. Se acomoda en lo alto desde un sitio dónde no pueden verle.

Danielle llega finalmente. En el salón comienza a desarrollarse una conversación muy interesante. Mauricio no puede más que felicitarse por haber decidido quedarse a la escucha

—Ellos son los padres de Lucas —le informa Tina

—¿Quién les ha dado información nuestra? —pregunta Dani

—Perdónenos, —explica el hombre —hemos contratado a un investigador privado. Es que no podíamos dejar de intentarlo.

—Usted es madre, tiene que comprender que queramos saber lo que su hijo sabe —agrega la mujer.

—Mi hijo no sabe nada, él jugaba a veces con su hijo, eso es todo —le dice Dani molesta —Ustedes no pueden aparecer sin más. Mi hijo es pequeño todavía. Yo ni siquiera le dije lo sucedido con Lucas hasta hace muy poco

Mauricio se pone de pie, sin escuchar el resto. Entra a su habitación, toma las fotos de Lucas que ha dejado dentro de un libro. Con ellas en la mano desciende las escaleras. Al verlo, todos se quedan en silencio. Todos, menos su madre que le dice.

—Sube a tu habitación, ahora

Mauricio le ignora, se acerca a la mujer y le extiende las fotos que trae en la mano

—Lo siento mucho —le dice

La mujer toma las fotos sin comprender muy bien qué le está dando, las mira durante un momento. Al darse cuenta que sostiene las fotografías de su hijo, cae de rodillas, abrazando y besando a Mauricio, que la acoge y la consuela con compasión. Tina y Danielle se quedan atónitas. La sorpresa les impide reaccionar.

—Lucas era mi amigo —les dice Mauricio después de un rato —a veces pasábamos la tarde en el parque, en la escuela siempre andábamos juntos. Nunca me invitó a su casa. No me pareció raro porque tampoco yo le invitaba a la mía. Era increíble lo que podía hacer con la bici.

La mujer mira nuevamente las fotos, en muy pocas se le ve la cara a Lucas porque casi todas están hechas a contraluz. Se las extiende de regreso a Mauricio que le dice

—Déjeme alguna, las otras puede quedárselas. Me voy arriba para que puedan terminar de hablar. Lamento no haber podido ayudar más.

La mujer le extiende un par de fotos, se abraza a las otras como si de un tesoro se tratase. Mauricio sube a su habitación y esta vez sí que entra para encerrarse el resto del día. Desde la ventana no puede ver cuando se marchan porque su ventana da al fondo de la casa, tampoco está interesado, no hace más que pensar en lo que sabe y que no sabe cómo decir. Acacia pasa un rato con él durante las horas de la comida. Le trae algo de comer que el picotea apenas. A la hora de la cena está profundamente dormido.

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