El perro vuelve a recibirla con un único ladrido. Roxana no sale esta vez de detrás de la casa si no por la puerta principal. Al ver su coche se apresura en poner distancia entre Dani y el animal. Vuelve a sujetarlo en el mismo árbol para saludar a su amiga, que esta vez ha venido sola. Después del primer saludo efusivo le pregunta por la salud de Mauricio.

—Lo he dejado en la hacienda con mi madre —Dani enreda su brazo con el de Roxana que se le ha escapado un gesto de desagrado —Tuve que acudir a ella para encontrarte —se justifica —Aunque a decir verdad no fue ella quién me dijo cómo hallarte. Me mandó a visitar a Camelia.

—Vieja lengua larga —responde Roxana con cierto humor —pero no me has dicho cómo está tu hijo. Aquel día me quedé muerta de preocupación.

—Está bien ya ¿Y Rafa? Que raro que no esté pegado a tu falda

—Ha vuelto con su madre. Rafael se lo ha llevado ayer —dice Roxana con cierta tristeza —voy a extrañar a ese granuja.

—¿Tenéis buenas relaciones? Con la madre digo…

—Yo no la conozco siquiera —Roxana empuja la puerta haciéndole paso a Dani para que entre a la casa. Pasan de largo por el salón para volver a sentarse en la cocina. —Rafael un buen día llegó con el niño diciendo que la madre le había llamado para que se ocupase de él una temporada

—Bueno, pero no fue ese el momento en el que te enteraste que existía ¿no? —Dani se aventura en terreno peligroso y lo sabe, por lo que se apresura en agregar —perdona, estoy siendo una indiscreta de primera.

—Que va, —Roxana hace un gesto con una mano restando importancia —para eso somos amigas. Claro que sabía. Rafael es muy bueno. No ha tenido mucha suerte que digamos… hasta que me conoció a mí —añade con una pizca de picardía. —Que yo sepa nunca me ha dicho mentiras. Nunca estuvo casado antes, aunque eso no impidió que tuviera sus asuntos por ahí. Antes de casarnos ya yo sabía que tenía dos hijos. No es que no me lo pensara. La verdad es que eso me hizo dudar durante un tiempo, sin embargo, aquí estoy, en este lugar olvidado de Dios y embarazada.

—Entonces lidias con dos chavales que no son tuyos —dice Dani queriendo sonar casual. Su amiga pone frente a ella una taza de té, otra frente a otra silla que arrastra para sentarse, mientras lo revuelve con una cucharilla.

—Para nada, al mayor ni lo he visto. Dudo que Rafael lo vea. Cuando hablamos del tema se ve que le afecta mucho porque la madre no le deja que lo vea. Rafa es un ángel, ya le viste. Su mamá no parece que sea buena persona. Por nada del mundo pasaría tantos meses sin ver a un hijo.

La conversación toma otro rumbo. Dani lo deja correr porque no quiere mostrarse muy insistente. Sigue apenas el hilo de la conversación que mantiene con Roxana mientras interiormente se debate en el dilema que trae en su cabeza. Le cuesta reconciliar la imagen que tiene su amiga del hombre con quién duerme con lo que su hijo le ha confiado. No desconfiaría jamás de la palabra de su hijo, aunque siempre tiene en cuenta que su hijo pueda estar equivocado.

Comen juntas a mediodía. Dani se relaja en las horas de la tarde para centrarse en hacerle un breve resumen a su amiga de lo que ha estado haciendo durante estos años. Se olvida de los conflictos que le atormentan para disfrutar de la compañía de su amiga. Después de muchas horas llega el inevitable silencio. Empieza a sentirse culpable por no ser del todo sincera con ella.

El sol ya está en el horizonte cuando se pone de pie con intenciones de despedirse

—Parece que esta vez tampoco voy a conocer a tu esposo —dice Dani sonriendo

—Es difícil, ayer estuvo aquí porque vino por Rafa, pero es que tiene a su cargo mucho territorio. A veces tarda dos o tres días en aparecer. Si se adentra mucho en los bosques duerme dónde le coja la noche. Algunas veces tiene suerte y puede quedarse en alguna cabaña de caza. No es ideal, pero es el trabajo que le gusta. Yo siempre supe que sería así. Ahora no puedo estar quejándome. El tiempo que pasa conmigo trata de compensármelo. Las noches son las más difíciles de sobrellevar. Al principio me moría de miedo en este paraje sola. Ahora me siento acompañada —Se acaricia el voluminoso vientre y sonríe.

—Me marcho entonces, no quiero tener que salir del bosque de noche —Dani abraza a su amiga. Roxana le devuelve el abrazo. Le acompaña hasta el coche. Dani se sube, pone en marcha el motor. Por el retrovisor ve a Roxana desatar al perro que la sigue hasta la puerta de la casa.

Mientras conduce por el camino de tierra que sale del bosque, Dani va repasando la conversación que ha tenido con Roxana durante el día. No ha podido descartar, ni confirmar la teoría de Mauricio. Contaba con la posibilidad de poder conocer a Rafael, que eso pudiera darle una idea de qué tipo de persona era. Roxana ha sido más que amable y cariñosa en su trato durante todo el día. Ha estado a punto de sincerarse en algunos momentos. Se ha contenido por un pelo. Siempre la imagen de Mauricio en peligro le hacía morderse la lengua en el último momento.

Sin darse cuenta sus pensamientos le llevan a la imagen de Rafa, el pequeño inocente que habitaba hasta ayer la casa de su amiga. ¿Sería verdad que su madre le había dejado al cuidado del padre? ¿De verdad sería su hijo? El recuerdo de lo sucedido a Lucas empieza a ponerla nerviosa.

Un sentimiento de angustia empieza a instalarse en su ánimo. Puede que todo sea su imaginación. Trata de ignorarlo y seguir adelante, sin embargo, la idea de que otro niño robado corra la misma suerte que Lucas ya ha llegado para hacerse de un sitio en sus pensamientos.

La devoción que siente por su propio hijo le ayuda a avanzar otros diez kilómetros en la carretera que recorre de regreso a la hacienda. Pasado ese tiempo su conciencia no le permite avanzar ni un centímetro más en el camino de vuelta. Disminuye la velocidad, acerca el coche al arcén y se detiene. Enciende la luz interior del coche para revolver en su cartera en busca de una tarjeta. Toma el móvil y marca el número. Al otro lado de la línea escucha una voz grave que le dice

—Inspector Durán. Dígame

—Buenas noches inspector, le habla Danielle Lizalde. Necesito una reunión con usted. ¿Podemos vernos en algún sitio fuera de la comisaría?

—Usted diga dónde, cuándo y allí estaré.

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