Tina está sentada en su escritorio con un montón de papeles y la calculadora al lado. No es muy buena con los ordenadores, por lo que sigue revisando las cuentas como lo ha hecho toda la vida. La brisa que entraba en la mañana por la ventana ha dejado de correr. Se resiste a cerrarla y poner el aire acondicionado. Teme que si levanta la vista de lo que le ocupa pueda perder el hilo.

Acacia toca levemente a la puerta para anunciarle una visita.

—Señora en la entrada hay un hombre que dice llamarse Saúl Sánchez Cifuentes —Acacia hace una pausa. Tina levanta la vista contrariada —Viene a ver a la señorita Dani

—Dani no está. Díselo y que vuelva otro día —baja la vista de vuelta a sus papeles

—Ya se lo he dicho señora, lo que pasa es que no quiere marcharse. Creo que no se irá hasta que alguien le atienda —la muchacha tira de forma nerviosa del borde del delantal

—Está bien Acacia, déjalo pasar. Lo recibiré aquí.

Acacia cierra la puerta al salir. Tina sabe que le quedan unos cinco minutos antes de ser importunada de nuevo, por lo que en vez de continuar se dedica a marcar por donde se ha quedado. Escribe unas cuantas notas al margen. Acomoda los papeles en dos bultos. Uno revisado, otro por revisar. Cuando está terminando tocan a la puerta

—Adelante —ordena desde su silla

La puerta se abre. Acacia se hace a un lado y un hombre de unos treinta años se introduce en la habitación. No demasiado alto, cabello claro, ojos azules. Rostro anguloso. Piel muy blanca. Elegante y sencillo. No se esfuerza en protocolo ni en simpatías.

—Siéntese —le dice Tina haciendo un gesto sin moverse de su sitio —Usted dirá en que puedo ayudarle.

—Necesito hablar con su hija, no con usted —dice el recién llegado en tono impertinente

—Mi empleada ya le dijo que no estaba aquí, aun así, ha insistido en ser atendido —dice Tina calmada

—Si ella se niega a recibirme, yo puedo encontrar otra forma

—¿Está usted amenazando a mi hija? Vamos a dejar claro unos pequeños detalles —Tina se pone de pie, rodea la mesa para recostarse a ella de frente al desconocido, la elegancia en su porte imponen respeto, ella lo sabe —Mi hija no se ha negado a nada, porque no está —su voz suena ligeramente intensa —Usted ha insistido en ser atendido por cualquiera, a lo que yo he accedido. No veo la razón para una amenaza, pero puede saltarse ese paso cómodamente y hacer lo que crea oportuno. ¿Es todo?

—Le pido disculpas, a veces me dejo llevar por mis emociones —explica Saúl —Hace diez años mantuve una relación cercana con su hija. Ella simplemente desapareció sin darme un motivo. Ahora me entero de que hay un chico de esa edad en esta familia. Yo no puedo menos que preguntarme si es mi hijo y por qué se me ha dejado fuera de su vida. Cuando uno trata de vivir acorde a su conciencia, choca que otra persona decida por uno. Usted tiene fama de persona recta. Espero que pueda entender mi posición en este tema.

—Lo entiendo, pero no lo comparto. Creo que si no quería verse en esta situación debió usar protección. Que uno esté dispuesto a asumir responsabilidades no quiere decir que otros nos vayan a consultar siquiera.

—Si su hija tuviera una situación económica diferente, seguro que hace diez años la historia hubiera sido distinta. Me habría exigido paternidad. Hubiera hecho de todo para que asumiera mi responsabilidad —Saúl vuelve a exaltarse

—Joven, caer en supuestos no le va a llevar a ninguna parte —Tina toca un costado de la frente, el calor comienza a sentirse en la habitación

—Entonces usted no sabe la respuesta que he venido a buscar —Saúl suena desanimado

—¿Puedo saber qué pretende con todo esto? —Pregunta Tina regresando nuevamente a su silla —por favor tome asiento

—Si ese niño es mi hijo, yo solamente quiero conocerlo. Hacer las cosas normales que haría un padre con su hijo —comienza a decir Saúl. Tina lo interrumpe con un gesto de su mano

—Debe saber que no es un chico común y corriente. Estamos hablando de un niño con un coeficiente elevado —ante la sonrisa de satisfacción que ha provocado este comentario en el hombre, Tina agrega —Eso no es del todo bueno si lo suma a que es retraído, de pocas palabras, aunque cuando abre la boca suele ser contundente. No espere que le haga muchas preguntas, estará observándolo y sacando sus conclusiones. Actuará en consecuencia de sus propios criterios. Yo no soy la más indicada tal vez, en darle una imagen de cómo es. Trato cercano no es que hayamos tenido mucho. En cuanto a saber si es su hijo o no, me temo que no conozco la respuesta. No es por no haberlo intentado, mi hija no me tiene demasiada confianza.

—Yo puedo averiguarlo —la voz de Mauricio los sorprende a los dos, Tina se vuelve para ver al pequeño asomado a la ventana

Saúl se pone de pie, clava los ojos en Tina cuando ésta vuelve a mirarle, con un gesto casi imperceptible pide su permiso y Tina da su consentimiento. Atraviesa la habitación para acercarse a la ventana, desde donde Mauricio le observa con curiosidad.

—Hola. Yo soy Saúl —le dice extendiéndole una mano al pequeño

—En estos días me llaman Mauricio, pero eso puede cambiar —estrecha la mano de Saúl que le sonríe ante tan inusual comentario —puedo preguntar a mi madre por usted. Creo que podría ser porque tiene el mismo color blanco que yo. Yo tengo el pelo negro de mi mamá, sin embargo sus ojos creo que son del mismo color de los míos.

—Nunca le has preguntado a tu madre algo acerca de…—Saúl duda y Mauricio completa la oración por él

—¿Acerca de mi padre? —el niño hace un gesto negando —No, creo que uno no anhela lo que no conoce. Siempre fuimos ella y yo. No estaba mal.

Saúl asiente de forma comprensiva, le extiende una mano al chico para ayudarlo a cruzar la ventana. Tina se pone de pie y con una disculpa camina hacia la puerta. Cuando sale cierra la puerta pero no se aleja. Se queda junto a ella escuchando. Al otro lado Saúl y Mauricio se sientan en unos sillones cercanos.

—¿Cuánto tiempo pasó con mi mamá?

—No es que haya sido una relación en el sentido estricto —Saúl se rasca la cabeza, recuerda que Tina hace un momento le dijo que el chico no haría preguntas. Sonríe ante el recuerdo —Supongo que aunque no teníamos un compromiso, había mucha química entre nosotros. Nos veíamos con bastante frecuencia. Cuando no nos encontrábamos en alguna fiesta, nos llamábamos para quedar.

—¿Debo entender que tenían una relación basada en la intimidad? —el chico no se anda con rodeos, ni siquiera espera a que Saúl responda —Claro, eso explicaría por qué no la buscó cuando se fue.

—Si me dejas explicarte, yo..

—No se preocupe, —Mauricio hace un gesto restando importancia —no estoy juzgando nada. Yo le preguntaré, quizás a mí me lo diga. Si se niega, le va a tocar a usted decidir lo que sea que quiera hacer. Sin embargo, debo decirle que ella es importante para mí, si le hace mal, lo voy a tomar como algo personal.

—Entiendo.

—Creo que es mejor que se vaya antes de que vuelva. Si ve que ha pasado todo esto, no le va a sentar bien

Mauricio se levanta y le extiende la mano a Saúl. Éste la estrecha. Con un leve asentimiento se retira para encontrarse con Tina en la puerta que le acompaña hasta la salida.

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