La cafetería que ha elegido no está muy concurrida nunca. A las diez de la mañana, en un día de trabajo, no hay nadie. Dani ha pedido un café a una camarera que después de servirle regresa a revisar su móvil. Lo pide por guardar las apariencias porque de beber café se pondría más nerviosa de lo que ya está. Tina la educó para disimular muy bien sus emociones en público. Cualquier persona que la observara no advertiría que está a punto de explotar. Repasa en su mente nuevamente todo lo que piensa decir, sobre todo, qué no decir bajo ningún concepto.
El inspector Durán llega puntual, al pasar junto a la camarera hace su pedido y pide que se lo sirvan en la mesa dónde Danielle le espera. Se sienta frente a ella. Apenas un saludo, permanecen en silencio hasta que la camarera regresa a su entretenimiento digital.
—¿Qué puedo hacer por usted? —el inspector es el primero en romper el silencio
—Yo me preguntaba si hay alguna forma de saber si un niño determinado ha sido reportado desaparecido —Dani intenta parecer relajada. Durán lleva demasiados años en el departamento como para tragárselo.
—Si usted tiene conocimiento de algún dato que cree que pueda ser de utilidad a la policía, mi recomendación es que lo comparta, no que se ponga a investigar por su cuenta —Durán le mira esperando una reacción. Dani que está más que preparada, remueve su café con indiferencia.
—No es el caso. He estado meditando a raíz de lo sucedido —hace una pausa para llevar la taza hasta los labios— ese niño era amigo de mi hijo. Si hubiéramos sabido que estaba desaparecido, que había una denuncia de su madre, tal vez todo esto podría haberse evitado —Dani termina la frase mirando a los ojos de Durán.
El inspector se reclina en su silla. Pasa la mano por su pelo. Mira a través de los cristales de la cafetería, dejando que su vista se pierda en los pocos transeúntes que caminan por las aceras. Unos segundos después regresa la vista al interior de la cafetería, concretamente a su café que se está enfriando en la taza. Lo bebe despacio sin pronunciar palabra. Dani le observa callada, esperando con aparente calma. Sabe que en este pulso que ha comenzado con Durán, un paso en falso y habrá perdido. Cuando él termina su café se enfrenta a la mirada de Dani. Sin ningún miramiento le suelta.
—Señora Lizalde, Sabe perfectamente que cuando me llamó estaba asustada. Usted tiene información del caso. Desconozco el motivo que le impulsa a callarse, yo lo considero un error. Respondiendo a su pregunta, hay registros públicos para los desaparecidos Lo podía consultar sin necesidad de que me llamara o me dijera nada. Unos cuantos clics en internet son suficientes para encontrar cualquier cosa —el hombre es firme en sus palabras, no emotivo— Yo tengo un caso que resolver. Usted no desea involucrarse. Voy a pedirle de favor que se deje de juegos. O bien me dice lo que tenía en mente cuando hizo la llamada de ayer, o cállese y déjeme trabajar. No sé con qué tipo de personas está acostumbrada a tratar, pero no me haga perder el tiempo.
Dicho esto hace lo que menos espera Danielle. Se incorpora de su silla, dándole la espalda para marcharse. Ella no reacciona hasta que le ve atravesar la puerta de salida. Suelta una maldición, paga la cuenta con prisas para correr detrás de él.
Lo alcanza cuando el inspector está llegando a la esquina. Se coloca a su altura. Durán está molesto, sin embargo, su intuición profesional le dice cuando tirar y cuando ceder. Baja la marcha adecuando su paso al lento andar de Danielle. No dice ni una palabra, lo que ella diga deberá ser espontáneo. Le ha señalado los límites de su paciencia. Confía en que ella haya entendido el mensaje.
—Yo no tengo la certeza de nada —dice ella— Debe entender que necesito saber que estoy obrando con justeza, No quiero pasarme horas registrando en internet. Usted como inspector debe tener registros que son fiables. Muéstremelos, si encuentro la cara que busco, le prometo que le diré todo lo que sospecho.
—De acuerdo… Esos registros están en comisaría. ¿Vendrá? —Durán se detiene junto a su coche.
—Le seguiré en mi coche hasta allí.
Recorren la distancia que les separa hasta la comisaría. Durante el trayecto, Dani siente la vista del inspector que de tanto en tanto la observa a través de su retrovisor. El teléfono la hace saltar cuando suena desde el salpicadero. Lo agarra con la mano derecha, ve que es Tina quién la llama. Rechaza la llamada. En cualquier otro momento atendería, ahora, le parece que sería muy descarado de su parte cometer esa infracción con un inspector tan cerca.
Después de aparcar el coche toma el teléfono del asiento dónde lo dejó hace unos minutos. Le devuelve la llamada a su madre sin bajarse del coche
—¿Le ha pasado algo a Mauricio? —pregunta en cuanto Tina responde
—No, Mauricio está bien. ¿Vendrás tarde?
—Calculo que en un par de horas estaré de vuelta. ¿Por qué? ¿Qué pasa? —pregunta Dani preocupada
—Hablamos cuando llegues. Si llegaras tarde no dejes de despertarme ¿vale?
—Mamá, me estás preocupando.
—No te preocupes. Es importante que hablemos pero puede esperar. —Tina trata que su voz suene relajada.
—Tengo que irme —concluye Dani. Corta la llamada y se baja del coche para reunirse con el inspector que espera por ella frente a la puerta de entrada al edificio.
A Dani se le hace que está haciendo el paseo de la vergüenza. Tienen que atravesar casi toda la comisaría antes de llegar al despacho de Durán. Aunque muchos agentes están ocupados, todos han levantado la vista a su paso. Se encoge un poco por dentro, sin embargo, su cuerpo se envara. Levanta el mentón en gesto instintivo, lo que le da un aspecto altivo.
En la oficina Durán enciende las luces, abre las ventanas y le ofrece asiento. Abre su ordenador, tras unos minutos de espera le comienza a hacer preguntas referentes a la persona supuestamente desaparecida. Sexo, edad aproximada, aspecto. La última pregunta la desconcierta un poco.
—¿Cuánto tiempo lleva desaparecido?
—Puede que unos seis meses —Dani vuelve a responder con calma, esta vez el inspector fija sus ojos en los de ella, Dani se da cuenta que es el mismo tiempo que lleva muerto Lucas, por lo que se apura a decir— quizás un año.
—¿Buscamos en todo el país? ¿O solo en ciudades cercanas? —Durán se queda a la espera, mientras Dani lo piensa.
—Todo el país, es más seguro —responde Dani, el inspector se muestra de acuerdo— Listo. Le voy a dejar en mi silla. Tómese el tiempo que quiera. Iré por un café.
—¿Son muchas fotos? —pregunta Dani con un hilo de voz
—Dieciocho —al ver alivio en el rostro de Dani el inspector se molesta, por lo que agrega— una sola ya son muchas fotos.
Dani se siente avergonzada, baja la vista y sin decir ni una palabra se sienta en el borde de la silla para repasar una a una las fotografías.

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