Han pasado algunos días en los que he estado más bien lacónica. Estoy en casa de Soe con su familia, me miran con recelo, pero no me rechazan. Su madre me ha abrazado esta mañana. Me ha dicho que todo saldría bien. Su padre pasa casi todo el día fuera. Sebastian parece fantasma, detrás de un ordenador haciendo quién sabe qué.

Estoy rodeada por las cosas de Soe. Tiene una habitación en la planta alta. Es de color rosa, con un armario, una cama y un escritorio. Tiene un espejo a cuerpo completo tras la puerta y una mesita pequeña junto a la cama. Su armario está decorado con fotos suyas posando en casi todas junto a dos chicas más, hechas con un móvil, impresas en papel común. Una es Karina y la otra Pilar. No tengo ni idea de cuál es cual.

Hay un par de fotos viejas, Soe se ve más pequeña, con un perro más grande que ella (es un decir). Sobre la cama una manta color miel y varios perros de peluche.

Sobre el escritorio hay un portátil, pero no se me da muy bien todavía. Lo enciendo todos los días y la única imagen que puedo ver es una caricatura de Soe, debajo aparece un recuadro claro, con la palabra “contraseña”,  supongo que hay que escribir una palabra, o números, o algo. No conozco de nada a esta chica, nunca la he visto, no tengo ni idea de cuál pueda ser su contraseña. Eso tendrá que esperar. No puedo estar preguntando constantemente cosas que debería saber sin llamar más la atención. Ya bastante difícil es mirarla en el espejo. Su pelo es horrible y soso. ¡Como extraño mis hermosas púas! Una chica es presumida, sea humana o dragón, pero de verdad, no consigo verla, no veo a la chica del espejo como a mí. Si no puedo reconocerme, ¿de qué voy a presumir?

Tanto que ansiaba salir de ese hospital, para investigar, para saber. Ahora no sé dónde empezar, me siento estancada, no tengo un plan.

Decido animarme y poner más empeño en dar aunque sea un pasito pequeño en mis averiguaciones. Bien, a falta de un buen río, una ducha. Después iré al patio de atrás, tal vez si me relajo contemplando la naturaleza se me ocurra alguna buena idea.

Pasadas las diez de la mañana estoy en el patio trasero observando fascinada la actividad diaria de un hormiguero, cuando una voz me saca de mi silencio.

—¿Quién eres tú y que has hecho con mi amiga?

Una chica morena de ojos verdes, me mira con auténtico asombro. Siento un extraño calor en las orejas.

—Soy K. –Hay un breve silencio tenso.

—Naaa, eres tú. —Su sonrisa me sorprende tanto que se la devuelvo, pero se echa en mis brazos y yo me quedo perpleja, aunque sólo un instante,  después le devuelvo el abrazo.

¿Qué ha pasado?, he soltado la verdad como si nada. No me lo puedo creer, soy idiota. Pero que reacción tan poco usual la suya. Le cuento la verdad y no la cree.

—Te he enviado montones de mensajes –me dice cuando me suelta— ¿En qué estás tan ocupada? ¿Y tu móvil? Debes tener miles de mensajes. Míos hay cientos, seguro. De Karina también, hemos venido varias veces. Tu madre nos ha dicho que estabas pasando unos días con tu tía. Así que, empieza a contar en qué has estado tan ocupada para olvidarte de nosotras así. Seguro que hay un chico involucrado —Si ésta no es Karina, entonces es Pilar— Estás muy rara —me dice frunciendo el ceño. —¿Qué demonios le pasa a tu pelo? —y sigue parloteando sin control.

Mientras me coge de la mano, entra en la casa arrastrándome por las escaleras hasta la habitación de Soe. Me sienta en la silla del escritorio y me arrastra hasta el espejo. Me tira del pelo y parlotea acerca de un señor Richard y no sé qué historia ridícula de que será el director. Tengo que prestar atención, pero mi cabeza no deja de darle vueltas a algo, el móvil de Soe.

—He perdido mi móvil –la interrumpo. Ha detenido su faena con mi pelo y se va hasta el ordenador de Soe. Suelta las tijeras y el peine sobre el escritorio. Lo enciende y me doy cuenta que va escribir la contraseña. Aunque lo hace deprisa puedo seguir sus dedos. F U E G O. ¿Fuego? ¿Qué demonios…? Bien, calma, no pasa nada, esto es bueno. Empieza a abrir una ventana y apretar botones en ella… ya me perdí.

—¿Qué haces? —pregunto desconcertada.

—Buscar tu móvil… otra vez. —Coge nuevamente las tijeras y el peine. Me devuelve a la silla y dice —Dale tiempo, si no le han quitado la batería, aparecerá. Lo primero es lo primero, darte una buena apariencia, no me importa si se ha muerto alguien, tienes que lucir bien.

—¿Por qué dices eso? ¿Quién se ha muerto?

—No lo sé. Dímelo tú, no te veía hecha un desastre desde que Fuego murió.

Y volvemos al parloteo y yo me quedo ahí pensando en Fuego, esto es muy intrigante. Tendría que haberla buscado hace días. He estado perdiendo el tiempo. Esta chica, Pilar, me ha dado más información en unos minutos que mi supuesta familia en casi una semana. La miro a través del espejo y le sonrío satisfecha. He recuperado la esperanza, me siento animada. Me ha abierto unas cuantas puertas. Puedo hacer varias cosas a partir de su ayuda, claro, ella no sabe que me ha ayudado.

—Gracias Pilar —digo

—Sabía que te gustaría. Llevo diciéndote de cambiar tu imagen a algo más misteriosa, desde no sé cuánto tiempo, pero nunca quieres escuchar. Ahora deberías deshacerte de toda esa ropa ridícula que tienes en el Armario. Pasaremos este curso, de pringadas a princesas. Suena parecido, pero no es lo mismo ¿sabes?

Me miro al espejo. Joder, se parece a mí. Si fuera humana, esa sería K. Me ha cortado el pelo. Le ha puesto algo que lo endurece. Lo ha agrupado en mechas apuntadas a… a todas partes. HA pintado mi cara. Oscuro alrededor de los ojos, mi boca ahora es marrón claro, con tonalidades doradas.

Sí, esta chica me gusta, sabe lo que se hace. Es lista para ser humana. Muy lista y algo más, pero no sé qué más.

Se va al ordenador. Con la punta de flecha del ratón apunta a un globito en la pantalla. Aprieta el botón izquierdo del ratón repetidas veces y la vista de pantalla se hace cada vez más grande, sobre una imagen aérea. Pone su dedo en la pantalla.

–Ahí lo tienes, en los árboles detrás de tu casa. Ve por él que yo me tengo que ir. El efecto de la laca se pasa pronto, lo ideal es el Gel, pero no tienes. Así que mañana por la tarde vamos de compras. Vendré con Karina e iremos las tres.

—¿Con Karina? —Hay algo de pánico en mi voz. Ella sonríe y me suelta.

—Tranquila K. Karina te caerá muy bien. Quítate ese pijama que me da repelús –Me besa en una mejilla y se va.

Yo me quedo pensando en qué diablos ha sido todo eso. Voy al armario y lo revuelvo. Tiene razón, no sé qué hacer con tanto vestidito rosa y de flores. Si hay que andar envueltos en trapos, no va a ser en estos. Esto no tiene nada que ver conmigo, ni con la chica que ahora veo en el espejo. Prefiero el pijama y me voy a la arboleda con él.

He estado caminando un buen rato entre la hierba, que ya me pica en las piernas. Cuando salí de la casa tenía la certeza de que lo encontraría fácilmente. Era una vista aérea, desde el suelo es otra cosa. Sigo registrando en la maleza, porque de aquí no me voy a ir sin él.

Ya debe ser pasado el mediodía, mis tripas me lo dicen. Si me hubiera comido un búfalo, o un ciervo siquiera, aguantaría dos o tres días sin comer, pero con zumos y torticas me encuentro desfallecida.

Me siento en el suelo y me miro las piernas. Están rojas, irritadas y me arden, cierro los ojos y me repito mentalmente

Yo soy K. Un Dragón hembra, joven, de apenas cinco años, fuerte, mi cuerpo es grande, tengo alas para volar y dos poderosas patas con garras de verdad. Puedo ver en la oscuridad, soy inteligente, perseverante, me comunico con un lenguaje telepático y lo más importante es que mi fuego puede consumir un bosque entero de una sola pasada. Soy alucinante.

Abro los ojos para encontrar lo que he estado buscando. Hay algo azul entre la hierba. Me acerco y ahí está, no es sólo azul, es un vestido con desgarros y manchas marrones de sangre seca. Mi olfato me dice que es sangre. Hay también un pequeño bolso con perlitas blancas incrustadas. Dentro hay un móvil, unas llaves, una barrita de brillo de labios y un carnet de estudiante con mi foto (la de Soe, con esto ya me estoy haciendo un lío). El olor a sangre es abrumador, tiene que haber mucha cantidad. Las tripas me suenan.

Esto es una mierda.

Volver | Seguir leyendo