Llega de madrugada. Se quita los zapatos en la entrada. Recorre descalza el trayecto hasta la habitación que le ha asignado Tina. Deja la cartera sobre un viejo sillón junto a la cama. La hacienda está en silencio. Antes de ir dónde descansa su madre pasa por donde está Mauricio. El niño tiene una apariencia relajada, los ojos cerrados, su cuerpo abrazando una almohada. Cierra la pequeña abertura por la que ha espiado dentro y se dirige a la puerta de Tina. Unos ligeros toques, su madre abre al instante. La toma del brazo para llevarla al interior.

—¿Qué ha pasado? –La voz de Dani es apenas un susurro–. ¿Cuál es la urgencia?

—Ha sido perfecto que llegues a esta hora. Ya me estaba devanando los sesos inventando un modo de hablar contigo antes de que Mauricio te abordara.

—¿Mauricio te ha estado contando algo? —Dani se sienta en el amplio sofá que tiene su madre junto a la puerta.

—¿Qué?… No ¿Qué podría contarme? –Tina suena confundida. Dani se da cuenta de que acaba de ser indiscreta y que su madre no parará hasta saber de qué está hablando, por lo que con un gesto resta importancia al asunto.

—Habla de una vez –demanda Dani

—Hoy en la tarde ha estado de visita alguien buscándote –Tina hace una breve pausa, escrutando el rostro de su hija que permanece impasible–. Un hombre joven de unos treinta años, pelo claro y preciosos ojos azules. Yo diría que muy parecidos a los de tu hijo.

—Muy suspicaz Tina. ¿Cuál es el nombre? No creo que hayas dejado pasar la oportunidad de preguntarle.

—Saúl Sánchez Cifuentes. ¿Es o no es el padre de Mauricio? –cuestiona Tina

—Mamá, por favor. ¿A quién le importa?

—Parece que a todo el mundo. Ha venido con una actitud hostil, reclamando su paternidad.

—¿Le has dejado pasar?  La curiosidad de verdad que te puede –protesta Dani enojada.

—Alto ahí. Se ha plantado en la entrada y ha dicho que no se marchaba hasta que alguien le atendiera. No te vayas a creer que he ido a invitarle a entrar. Mi primera respuesta fue que volviera en otro momento porque tú no estabas. Para más desgracia tu hijo ha escuchado detrás de la ventana todo lo que hablábamos. Se ha metido en la conversación, hasta le ha prometido a ese hombre que hablaría él mismo contigo. No sé de qué manera le has educado; pero la verdad es que deja bastante que desear. Dónde se ha visto que los muchachos escuchen detrás de las puertas, mucho menos que se atrevan a intervenir en asuntos de mayores.

Dani observa impasible las quejas de su madre. Se pone en pie, camina hasta la ventana, la abre de par en par, se sienta sobre el borde interior. Sin pedir permiso saca un cigarrillo del bolsillo de su chaqueta y lo enciende. Su madre la mira desde la cama dónde se ha sentado hace un rato.

—No sé si Saúl es o no el padre de Mauricio –confiesa Dani

—No era el único. ¿Con quién más te acostabas? –la voz de Tina es dura, tajante.

—Me fui de tu lado para no contestar a esa pregunta. ¿Por qué piensas que voy a contestarla ahora? –susurra Dani

—Te fuiste de esta casa porque querías abortar. Tu padre me contaba cosas cuando iba a verte. Yo sé que fue él quién te convenció para no hacerlo. Nunca confiaste en mí, en él sí, total, él tampoco te apoyó con el aborto –los reproches y los celos le hacen sonar intransigente.

Dani levanta la vista para enfrentar su mirada. No se enoja como otras veces. Más bien parece aceptar en silencio sus errores, lo cual desconcierta a su madre. Detiene el sermón de golpe, al notar que los ojos de su hija se humedecen.

—¿Hay alguna posibilidad de que ese hombre, Saúl, sea el padre de tu hijo? Yo le veo un parecido. Si hay una posibilidad yo creo que deberías aprovecharla. Digo a menos que el otro también tenga el mismo color de ojos. –insiste Tina con suavidad.

—Me acostaba con un profesor del instituto –admite Dani. La confesión toma a Tina por sorpresa– Me enredé con Saúl para darle celos, tratando de hacerle reaccionar y que rompiera su matrimonio por mí. Saúl se portaba tan bien conmigo que no supe como romper con él, no encontraba ninguna excusa. Cuando quedé embarazada no tenía ni idea de cuál de los dos era el padre. Me parecía que lo más sensato era abortar. Yo no quería tener un hijo y cambiar mi vida. Tampoco tenía valor para poner mi cara delante de dos hombres y decirle que iba a tener una criatura y que cualquiera de los dos podía ser el padre –Una lágrima recorre su mejilla, Se la seca con los dedos, hace una pausa tomando aliento para calmarse– Creo que es muy parecido a Saúl, es algo que he notado con el pasar del tiempo, pero no quiero avergonzarme más. ¿Cómo voy a explicarle a Mauricio toda esa locura? Jugué con los sentimientos de Saúl. Yo quería romper esa familia. Hice muchas maldades con tal de conseguirlo. Ya no quiero remover esa historia, perdería el afecto y el respeto que mi hijo me tiene. No puedo…

—Maldito desgraciado –protesta furiosa Tina– . Tenías que haber sido sincera con nosotros. Ese bastardo era un adulto y tú una niña. Yo hubiera encontrado la forma de hacerle pagar.

—Yo no quería que le hicieran pagar, mamá –Danielle ya no puede contener las lágrimas que se precipitan de sus ojos sin control.

Su madre se levanta para envolverla en un abrazo. La aprieta fuerte. Dani reconoce el gesto. Es exacto al que ella hace cuando consuela a Mauricio. El descubrimiento acrecienta su tristeza y ésta se desborda en los brazos de su madre. El nudo que aprieta su garganta se afloja. El peso que comprime su pecho se convierte en un torrente de emociones. Solloza en silencio mientras Tina la acuna como si fuera una niña. Ha sido una noche intensa, llena de conflictos. Después de un rato se recuestan en la cama una junto a la otra. Ya no vuelven a hablar más.

Dani se queda meditando mucho tiempo antes de poder conciliar el sueño. Cuando tomó la decisión de venir a la hacienda para preguntar por Roxana, se hubiera reído si alguien le hubiera dicho que pasaría una noche abrazada a su madre. No sabe si es porque la vida la ha cambiado, o porque nunca supo comprenderla; lo cierto es que Dani siente la cercanía de Tina y le gusta. Sigue sin aprobar muchos de sus métodos. El control excesivo que Tina ejerce sobre todos los que le rodean es lo que le molesta sobremanera, sin embargo, la descripción que hizo Acacia en la cocina empieza a parecerle adecuada. Su madre es una oveja con piel de lobo, aunque sea una piel que se le ajusta como un guante.

Se queda dormida con una pregunta dándole vueltas en la mente. ¿Llegará a ser algún día tan dura como lo es Tina?

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