Dani se ha pasado el resto de la mañana en la cocina con Acacia, cocinar la relaja. Ha decidido dejar reposar su mente para recibir a Gabriel con la cabeza fría. Mauricio hace su entrada a la estancia casi a mediodía. Después de saludarla va directo a registrar la nevera.

—Que sea algo ligero que no te quite el apetito, porque casi es hora de comer –apunta Dani

El chico hace una mueca graciosa con la cara, fingiendo tristeza. Acacia le ríe el chiste pero su madre no. A falta de un padre le ha tocado a ella llevar la disciplina y el afecto. El delicado equilibrio entre ser amorosa y estricta es un arte que ha perfeccionado con los años.

—¿A qué hora te fuiste a la cama anoche? –cuestiona al chico con seriedad

—Me distraje leyendo –admite el niño–  creo que eran las dos, más o menos.

—No quiero que descuides tu rutina. Estemos donde estemos, tú y yo tenemos un hogar organizado. ¿Lo entiendes? –concluye

—Si –masculla el chico

Gabriel hace su entrada por la puerta que da al patio. Todos se vuelven a saludarle. Mauricio aprovecha el descuido de todos para esconder en la cinturilla del pantalón un paquete de galletas. Baja la camiseta holgada y saluda a Gabriel con efusividad.

—¿Puedo sacar a pasear a Olivia? –le pregunta después del abrazo.

Gabriel levanta la vista a Danielle con una mirada significativa; dejando que sea ella quién decida esta vez.

—Si estás de ánimo por la tarde, es posible que te deje ir. Si Gabriel puede a esa hora, claro –puntualiza Dani–. Ahora ve y avisa a tu abuela que está en la biblioteca, dile que Gabriel ha llegado, en unos minutos iremos a reunirnos con ella.

Mauricio se va corriendo. Apenas sale de la cocina echa mano al paquete de galletas y empieza a comer con entusiasmo. Le da el recado a Tina desde la puerta. Está marchándose para seguir comiendo a sus anchas cuando su abuela lo detiene.

—¿A dónde crees que vas, jovencito? –cuestiona ella.

—Por ahí –Se encoge de hombros él.

—De eso nada, entra y siéntate que esta reunión es para ti también.

Mira el paquete de galletas que tiene en la mano, lo ha mantenido fuera de la vista de Tina. Por un segundo piensa en esconderlo nuevamente, pero tiene demasiada hambre. Termina de abrir la puerta, continúa comiendo como si le estuviera permitido. Se sienta en el suelo por un rincón. Minutos después llegan Dani y Gabriel, Acacia un poco rezagada.

—Señora –pregunta la chica–, ¿preparo el comedor para comer o prefiere que prepare una merienda para tomarla aquí mismo?

Tina lanza una mirada inquisitiva al resto, todos se encogen de hombros.

—Comeremos en la cocina. Prepara la mesa para cinco personas –le ordena Tina–. Quiero pedirte que hoy nos atiendas, si no te molesta. Mauricio irá comiendo, no sea que pierda el apetito con tanta galleta, los demás tomaremos alguna bebida mientras esperamos por Alfonse.

—Con mucho gusto, señora —Acacia abandona la biblioteca.

—¿Hay algún motivo por el que Alfonse tenga que acompañarnos? –cuestiona Dani a su madre.

—Lo he llamado para que se ocupe de la petición que me hiciste en la mañana. Después ha surgido el tema de Roxana y su esposo; Alfonse es un hombre con recursos y mucha imaginación. Cuando uno se queda sin opciones, él encuentra siempre una solución.

Mauricio se envara al escuchar el tema de la reunión, observa a su madre desde su rincón con una mirada cargada de gratitud. Deja las galletas a un lado cuando ella le mira, no quiere contrariarla. Que ella cumpliera su promesa tan pronto es algo que él valora mucho, por lo que estar comiendo galletas sin su permiso lo hace sentir culpable.

Todos salen de la biblioteca, van hasta la cocina y se acomodan alrededor de la mesa. Acacia ha extendido un mantel y ha colocado servilletas. Sitúa frente a todos, un par de copas; en el centro de la mesa una botella de vino rosado. Dani pide una cerveza, Gabriel la imita. A Mauricio le acerca un plato con ensalada, lo necesario para aliñarla y una botella de zumo. El sitio de Alfonse permanece vacío. El timbre de la puerta principal anuncia la llegada del invitado faltante. Acacia va a recibirlo. Cuando todos se han acomodado, Dani es quien toma la palabra para detallar la situación, en especial a Alfonse que desconoce toda la historia. Los otros conocen fragmentos de la historia.  Hace una pausa prolongada dando a entender que ha dicho todo.

—Te falta decir que has ido a comisaría a revisar fotografías de niños desaparecidos –interviene Alfonse–.Crees que el inspector te ha creído pero no es el caso. Tú estás siendo vigilada desde que saliste de tu casa para ir a la playa. En cada lugar que han visitado se ha quedado una patrulla. El sitio menos accesible ha sido la casa de tu amiga. Han tenido problemas para acercarse debido a un perro guardián que hacía muy bien su trabajo. Ahí han estado yendo y viniendo, hasta anoche, que le han pedido una hembra en celo a la brigada canina, para distraer al perro lo suficiente como para echar un vistazo. Los padres de Lucas llegaron hasta aquí porque Durán les dio un rastro para ver si podía acelerarlo todo.

—Fui a ver esas fotos porque por un momento se me ocurrió que podría haber otro niño en peligro. Resulta que no estaba equivocada–justifica Dani avergonzada.

—Yo no te estoy juzgando por lo que has hecho, sólo me parece importante que no te calles nada –agrega Alfonse.

—Adiós a mi idea de resolverlo todo con una llamada anónima –apunta Gabriel.

Se hace un silencio pesado en la cocina mientras cada uno de los presentes come con desánimo. Acacia va y viene, mientras se ocupa de que no falte nada, escucha atenta cada intervención.

—Si el asunto ha llegado a estos extremos, tenemos que encontrar una forma de solucionarlo. No quiero a la policía metiendo las narices en mi vida –Tina enfatiza cada frase, para que todos entiendan. Para Alfonse y Gabriel  eso significa que antes de marcharse deberán tener un plan detallado para llevar a cabo.

—Yo fui quién lo descubrió, me toca destaparlo a mí –anuncia Mauricio con voz firme.

—De ninguna manera –dicen Tina y Dani casi a la vez

—Siempre puede ocurrir un accidente en el bosque –propone Alfonse–. Alguien recibe un disparo, la policía puede presentarse en su casa a investigar. Allí encontrarán la bici de Lucas. Con un poco de suerte no tendrán que involucrarse.

—Llamarían a Mauricio para identificar la bici –critica Dani.

—No necesariamente –dice Tina–, los padres tienen fotos del chico con la bici. Podríamos sugerirles que las lleven a comisaría.

—Las fotos las hizo Mauricio –vuelve a objetar Dani, el rastro los traería hasta él.

La discusión de alternativas se va acalorando. El timbre de un móvil interrumpe. Alfonse saca el teléfono del bolsillo bajo la mirada crítica de Tina.

—Lo siento, tengo que contestar –se disculpa

Se levanta de la mesa, sale por la puerta hasta el patio. Todos se quedan en suspenso esperando su regreso, momento que aprovecha Dani para preguntar a su madre.

—¿Qué tipo de trabajo hace Alfonse para ti?

—Alfonse es un militar licenciado, principalmente se ocupa de proporcionar protección a tu hermana en el extranjero, cosa que tú y tu hijo parecen necesitar en este momento también.

Dani asiente y se reclina en la silla. Alfonse se incorpora a la reunión con rostro contrariado.

—¿Sucede algo? –pregunta Mauricio

—El psicópata ha matado al perro a golpes delante de su mujer embarazada. Ella se ha puesto mal, el coche patrulla que estaba cerca la ha encontrado con una pala cavando un agujero en el patio, estaba sin sentido y perdiendo sangre. La han llevado a un hospital, es posible que pierda el embarazo. Están rastreando al marido y la policía está registrando la casa. Si queremos que la bici sea un objeto a tener en cuenta hay que darse prisa con los padres de Lucas.

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