El ir y venir del oleaje anestesia sus sentidos. Está sentada sobre la arena desde hace mucho. El agua le moja los pies. Sus ojos saltan del horizonte a su hijo. El niño sentado también a poca distancia; manosea, más que jugar con la arena. Danielle se levanta para acercarse a él.

—¿Nos vamos? –pregunta el chico.

—No, si no quieres –responde ella mientras se acomoda a su lado.

—Creo que quiero llamarme Horacio.

—¿Sabes que ya no recuerdo cómo te llamabas hace un momento? –Le comenta ella–. Si te cambias el nombre cada cinco minutos, vamos a tener un problema para que yo lo recuerde. ¿Estás aburrido? ¿Quieres que te cuente una historia de playa?

—No quiero que me cuentes más historias –responde él, Danielle percibe cierta incomodidad en las palabras

—Siempre te han gustado mis historias. ¿A Horacio no le gustan?

—A Horacio lo que no le gustan son las historias de mentiras –dice él y ella no quiere pensar mal, pero le ha parecido un desafío.

—Nunca te he contado una mentira, a ti nunca. Con ninguno de tus nombres –dice dolida

—Demuéstralo –Ahora ya no es su imaginación, su hijo la está desafiando en toda regla.

—Si quieres pedirme algo, hazlo mirándome a la cara.

—Quiero que encuentres a Roxana, que me la enseñes. Piensas que soy tonto, pero hay muchas cosas que no me dices. Me prohíbes hacer cosas y no me dices por qué.

—¿Qué es lo que quieres de verdad? Habíamos quedado en que no se nombra una historia que te he contado si cambias tu nombre –dice ella medio enojada.

—Esa norma la pusiste tú, para que no cambie de nombre. Te molesta que cambie de nombre y yo ya no quiero cambiármelo tampoco. A partir de este momento voy a ser nadie, así es como voy a llamarme, ¡Nadie! –Va a levantarse y ella lo toma por el brazo y le obliga a sentarse. El niño se deja, cuando levanta la vista para enfrentarla sus ojos están húmedos por las lágrimas. Se las seca con rabia. Ella le ve como se embadurna las mejillas de arena. Se mantiene en silencio, dándole tiempo a calmarse. Después de un rato, le pregunta.

—¿Qué es lo que realmente te está molestando?

—¿Por qué ya no me dejas ir al parque a jugar con Lucas? –pregunta en un susurro– ¿Es porque su papá es malo?

Danielle respira hondo, levanta la vista al cielo, exhala todo el aire contenido en sus pulmones. Lo piensa bien y después de unos segundos le dice mirándole a los ojos.

—¿Cuándo conociste tú al padre de Lucas?

—Siempre haces eso, siempre cambias de tema. ¿Por qué no puedes responder a lo que te pregunto?

—Vale, te respondo. Me temo que a ese hombre que has conocido no es el padre de Lucas realmente. Has conocido a alguien muy malo que se robó a Lucas de su casa. Que se lo robó a su familia.

—¿Por eso no puedo ir a verlo? Porque se ha ido con su familia

—No. No puedes ir a verlo porque Lucas está muerto. La policía cree que ese hombre lo mató.

Los ojos del niño se agrandan y después de un instante rompe a llorar. Danielle lo abraza. Lo aprieta contra su pecho. Su mano acaricia el negrísimo pelo de su hijo, tan igual al suyo. Permanece durante mucho tiempo así. Teme haber cometido un error al contarle, pero por sobre todas las cosas le atenaza la pregunta que aún no ha respondido su hijo. ¿Cuándo y en qué circunstancias se cruzaron los pasos de su hijo con los del secuestrador? Sabe que no es el momento para preguntar nada. Tiene que dejar que lo procese. La preocupación atenaza sus entrañas. Daría cualquier cosa por un cigarrillo ahora mismo.

El chico se separa de ella y se queda en silencio mirando el mar. Danielle tiene miedo de que esté en shock por lo que le ha contado. No sabe que decir, ni qué hacer para averiguarlo. Acerca una mano a la espalda de su hijo. No hay reacción ninguna por su parte, el niño continúa mirando al vacío. Casi está dispuesta a romper el silencio cuando él le pide

—¿Me dejarías verlo?

—No. No quiero que esa imagen se instale en tus pensamientos –dice ella suavemente.

—¿Y cómo voy a saber que es verdad? –pregunta él con tristeza.

—Porque te lo he contado yo. Porque yo nunca te miento y te lo voy a demostrar.

—¿Cómo vas a hacer eso?

—Buscaremos a Roxana hasta encontrarla.

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