A la mañana siguiente me he puesto a curiosear. En el móvil no hay nada llamativo, en realidad hay muchas cosas, nada que valga la pena. De todas formas no voy a desechar todo tan de prisa. He buscado en sus carpetas, música, imágenes. Lo más jugoso es que casi todos sus contactos llevan una foto. Al menos ya sé quién es quién. Pilar no mentía, tengo el buzón a tope, Leer tanta banalidad da dolor de cabeza. Mayormente reproches por haberme ido sin avisar, por no despedirme, por no contestar, por no escribir. Que tontería, en mi mundo los Dragones no son tan co-dependientes. Los humanos de allá no merecen ni ser mencionados, ¿serán también así? (Tengo que centrarme). En el buzón hay solo basura.

Busco en la carpeta de enviados, y leo algunos mensajes para Karina, otros para Pilar, otros a mi madre, un par a un número desconocido… ¡ay madre! ¿En qué lío estaba metida Soe? Uno dice “Sé lo que estás haciendo” y en el siguiente mensaje “Vas a pagar por todo esto”. Esto se está poniendo interesante, quizás este asunto le quedaba grande a Soe, pero a K no.

Nada como un buen misterio para estimular el apetito. Voy a llamar a las chicas, nos vamos de compras, después a comer. No voy a entusiasmarme demasiado, quizás lo único que vio Soe, fue a alguien copiando en un examen, nadie la haría desaparecer por eso.

¿Cómo no se me había ocurrido antes? ¿Alguien la habrá hecho desaparecer? Naa, no tiene mucho sentido, eso no explica que yo esté aquí.

En la primera tienda he dejado tirado el vestidito malva de esta mañana y las sandalitas de piedrecitas falsas. Me he metido en un tejano y una camiseta. Me he calzado unas botas camperas de caña baja. Nada es de color pastel, por fin. Me he llevado tres camisetas y otro pantalón, no hace falta más, yo no espero quedarme mucho tiempo.

Nos vamos a una cafetería, listas para comer. Ellas han pedido ensalada, yo hamburguesa doble, patatas fritas y un batido de fresa doble también.

Karina es muy callada. Pilar no la deja hablar mucho, ni a ella ni a nadie. Se ha pasado dos horas dando la vara con lo de K. Le parece muy gracioso. Ha empezado a llamarme así y no sé por qué me hace sentir tan incómoda. Entre sus bromas está la de tratar de adivinar que animalito viviría en quién. Hay que joderse, acaba de compararme con un animal y yo tengo que sonreír. Me separo mentalmente, porque no quiero enojarme, es maja, aunque esté haciendo el idiota. En mi interior regreso a mi mantra. (Ya saben, al rollito alucinante.)

Caramba, si sigo perdiéndome en el vacío me van a volver a ingresar. Hay un chico, con aires de chulito moviendo la boca frente a mí. ¿Qué es lo que ha dicho? No me he enterado de nada. Recupero el control de mis sentidos y miro a Pilar y a Karina.

—¿Él está hablando conmigo?— les pregunto un poco insolente y las dos abren la boca en una mueca tan chistosa que se me escapa una carcajada. El chulito está rojo como un tomate y más risa me da.

El chulito se ha ido en medio de una situación incómoda en la que yo reía de manera ruidosa y ellas no sabían qué hacer. Y es Karina quien me pregunta.

—¿Has perdido el juicio? Has estado gimoteando por ese tío tres cursos seguidos ¿y hoy vas y te burlas de él?

—¿Quién? ¿Yo? –¡Madre mía! No puedo parar de reír. Nos marchamos sin comer entre las miradas y los murmullos de la gente.

Pilar se ha despedido en un par de calles y Karina continúa en silencio a mi lado. Ya estoy bajo control. Vamos despacio. Por alguna razón que no entiendo, tengo un bajón emocional. Que difícil es ser humano, soy como una montaña rusa, arriba y abajo, arriba y abajo.

—A mí no me engañas, Soe –dice— A ti te ha pasado algo, justo antes de irte. Primero la tomaste con Alex, Alex y tú desaparecieron del mapa, ahora reapareces toda rara, cambiada. Alex no ha aparecido y tú no pareces tú.

—No sé de qué estás hablando –le respondo con indiferencia.

—¿No lo sabes o no quieres contarme? A mí no me hagas el cuento de una tía que no existe. Ese cuento podrá tragárselo Pilar, pero yo no. Te conozco desde siempre Soe, y nunca había oído hablar de esa tía. He estado cubriéndote con Pilar, con todo el mundo. Si no vas a decirme la verdad, pues mejor no me digas nada.

—Yo no te he dicho nada Karina, ¿de qué me estás acusando?

—De nada –replica molesta –de nada.

Continuamos caminando un rato. Yo voy cabizbaja. De momento me suelta exasperada

—Muy bien, Soe. Yo estoy aquí, si es que aprecias en algo eso. Cuando ya no puedas más con tus mentiras sabes dónde encontrarme –me da la espalda para marcharse y sin que yo pueda evitarlo le retengo por un brazo.

—Está bien, Karina. La verdad es que he estado en un hospital, con una crisis nerviosa. La noche en que me fui arañé a mis padres, me arañé todo el cuerpo y hubiera sido peor si Sebastian no me hubiera dejado cao.

Abre la boca en la misma mueca chistosa de la cafetería, esta vez no me da risa.

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