Tina está dando vueltas en la cama sin poder quedarse dormida. Puede que cualquiera piense que su edad ronda entre los treinta y ocho o los cuarenta años. Sus huesos le gritan a diario que esa es una mentira mas grande que una casa. El próximo mes serán cincuenta y seis. Su aspecto exterior podrá decir cualquier cosa. Ella cada día duerme menos, su esqueleto se queja por determinadas posturas y de vez en cuando a su cuerpo le da una rabieta que le recuerda los años que carga.

Se levanta resoplando molesta. Se enfunda en la bata que cuelga del respaldo de una silla, abandona la habitación. Baja a la cocina con la idea de tomarse un vaso de leche, acompañando alguna píldora que le alivie los dolores. Al atravesar el corredor una brisa proveniente del salón la hace cambiar de opinión. Se dirige a la puerta de entrada. Allí se tropieza con su hija que sentada en un escalón, se fuma un cigarrillo.

Danielle hace el intento de apagarlo al ver que su madre va a sentarse a su lado, Tina la detiene con un gesto. Se sienta y le dice

—Es un hábito terrible; pero ya eres grandecita. Hace fresco acá afuera. ¿Tampoco puedes dormir? —Danielle niega con la cabeza y Tina agrega otra pregunta —¿Es el cuerpo o es el alma?

—Supongo que califica como alma si lo que me quita el sueño son preocupaciones —responde Danielle.

—Entonces la siguiente pregunta es: ¿Salud, dinero o amor? —pregunta Tina

—Dinero no —responde Danielle

—¿Estás enferma? —ante la negativa de su hija ella vuelve a preguntar —¿El niño?

—No es eso, es la vida. A veces suceden cosas y no sé cómo afrontarlas. No estoy segura de si estoy haciéndolo bien.

—Eso es una estupidez. —le contesta Tina cortante —nadie nunca está seguro. En todo caso siempre es una cuestión de opinión. En la mía, por ejemplo, no lo estás haciendo bien. Tu hijo es un encanto, no me malinterpretes. De una rareza tal que sobrecoge en su belleza, sin embargo, no debería ser hermoso de ese modo.

—¿Qué estás queriendo decirme? —pregunta Danielle

—Es como si hubieras atrapado a un anciano en el cuerpo de ese niño. Es preciosa su madurez, pero uno se pregunta si eso lo hace feliz.

—Lo dices como si tú hubieras sido la madre más tierna del mundo — le reprocha Danielle

—Hay una diferencia entre la disciplina y el convertir a un niño en un adulto. —Tina sacude la cabeza contrariada y agrega —Tal vez tienes razón y esto también es mi culpa.

—No vayas por ahí Tina. Cuando te pones en plan víctima siempre terminamos discutiendo.

—Porque nunca puedes aceptar que esté siendo sincera cuando me culpo por algo. Y esa incredulidad es tu culpa, Danielle.

—Puede ser. Puede que nunca hayamos hecho el intento de comunicarnos mejor. Puede que seamos dos cabezotas. No lo sé. —dice Danielle más conciliadora

—¿Puedes decirme finalmente qué te preocupa tanto que estás aquí afuera a esta hora? —pregunta su madre

—Es complicado, largo de contar. —responde Dani

—¿Tú tienes alguna prisa? —vuelve a preguntar Tina —¿Se trata del padre del niño?

—Deja de obsesionarte mamá, Mauricio nunca ha preguntado por su padre, nadie se lo había mencionado nunca hasta hoy, que has preguntado por él. No sabe quién es, nunca le había importado. A causa de tu pregunta probablemente tenga al niño encima de mi preguntando mañana. La única figura paterna que ha tenido mi hijo es la de papá. ¿Y cuanto duró? Apenas tres años. Ya no lo recuerda tampoco.

—Entonces deja el misterio y dime lo que ocurre —dice Tina impaciente

—Mamá, necesito que me digas dónde puedo encontrar a Roxana.

—¿Piensas que una antigua amiga puede ayudarte mejor que yo, que soy tu madre? —su madre se revuelve molesta

—Mamá, por favor, ¿por qué tanto odio por un estúpido accidente que pasó hace tantos años?

—Porque nunca fue por el accidente —dice Tina, que cada segundo se va alterando más —tú crees que tu padre fue un santo, pero no lo era. Ella era su prometida cuando nos conocimos.

—Mamá, ¿me quieres decir de qué demonios estás hablando?

—Estoy hablando de Andrea, la madre de tu “amiguita”.

—Sigo sin entender, aun cuando eso sea verdad ¿acaso no se casó contigo? ¿te traicionó alguna vez con ella?

—Eso no tiene nada que ver, cada vez que atravesábamos alguna dificultad, se ponía en plan nostálgico a recordarla. La metía en el medio de los dos. Ya sé que ella no hacía nada para provocarlo, era él. Después de elegirme se dedicó a venerarla como a una santa. Fue cruel, odioso. Yo estuve a su lado en las buenas y en las malas. Fui…soy la madre de sus hijas, pero nada parecía suficiente para superar la idea de Andrea.

Danielle contempla boquiabierta a su madre. Le cuesta asimilar lo que está escuchando. Ni siquiera era consciente de que su padre le importara tanto a su madre. La imagen que siempre ha tenido de ella es la de una mujer orgullosa, intransigente, fría.

Tina se calla, procura recuperar la moderación. Después de unos minutos le dice de manera calmada

—Con el tiempo llegué a comprender de que si la hubiera elegido a ella, todo hubiera sido igual. La hubiera hecho enloquecer de la misma manera que lo hizo conmigo. Yo hubiera sido para él Santa Tina y ella habría sufrido lo que yo. La culpa no era de ella, era de él, así que la dejé en paz. El siempre estaba soñando con lo que no podía tener. Fue un padre fabuloso para ustedes, para mí fue una pesadilla. Intenté dejar de quererlo, pero para ese tiempo ya estaba enfermo, no me pareció adecuado abandonar. Ustedes no me habrían perdonado que le dejara enfermo y solo. Lo hice lo mejor que pude, con ustedes, con él, con todo.

Se quedan un rato sin decir palabra. Danielle siente por primera vez algo parecido a la empatía por su madre. Mete la mano al bolsillo y saca otro cigarrillo, le ofrece a su madre y ésta niega con un gesto de la mano, mientras se levanta. Se mete a la casa y sale a los pocos minutos con dos copas y una botella de vino en la mano. Las sirve. Danielle la acepta y bebe a sorbos pequeños. Tina casi vacía la copa de un trago.

—Cuando matriculé a Mauricio a la escuela —comienza a narrar Danielle —estaba preocupada por el cambio. Ya has visto cómo es él. Sabía que no encajaría bien. Tuvimos la suerte, bueno, en aquel tiempo creí que era suerte, que junto con Mauricio empezó un chico nuevo, también en condiciones extrañas. Era tres años mayor que él. Su padre y él se mudaban mucho. Al chico, Lucas se llamaba, en vez de matricularlo en el grado correspondiente, lo bajaron de nivel. Supongo que el hecho de ser los nuevos, les acercó. Fueron amigos por año y medio. Creo que ha sido el único amigo que ha tenido. Yo no lo supe hasta hace poco, pero al parecer el chico pasaba largas temporadas sólo en la casa. Mauricio le hizo compañía alguna que otra tarde en el parque. La verdad es que no veo qué tenían en común, pero igualmente eran amigos. Primero desapareció. En la escuela dieron el aviso a servicios sociales que no estaba yendo a clases. Su padre no respondía las llamadas. No voy a hacerte la historia larga, a los pocos días, alguien encontró su cadáver medio enterrado en el bosque. Los animales habían dado buena cuenta de él. Algo realmente horrible. Saqué a Mauricio de la escuela. He tramitado un traslado que no he hecho efectivo. Lo tengo fuera del Colegio. Ya sé que no va a atrasarse. He presentado sus calificaciones en el nuevo centro y lo van a pasar a Secundaria directamente. Le prohibí ir al parque, me inventé viajes y excusas. A pesar de ser un chico formidable, no dejaba de reclamarme. Hace dos días le he dicho que su amigo está muerto.

Tina escucha el relato de su hija mientras bebe más despacio el vino de su copa, al ver que su hija se detiene la cuestiona

—¿Y cómo piensas que va a ayudarte Roxana con todo esto?

—No estoy buscando la ayuda de Roxana. Hace un par de semanas estuvimos en el pueblo. Fue uno de los viajes que me inventé para distraerle. Allí le hablé de Roxana y él quiso conocerla. No logramos encontrarla. Cuando le he contado lo de Lucas, me ha pedido verlo. ¿Cómo voy a exponerlo a eso? Le he dicho que no. Me ha respondido diciendo que soy mentirosa, que Lucas no ha muerto y que Roxana no existe. Lo único que quiero es mostrársela. Volver a conseguir su confianza.

—A veces me sorprende tu ingenuidad  le dice Tina con un poco de burla —Yo voy a decirte lo que sé de Roxana y puede que la encuentres y se la enseñes, sin embargo, no vas a poder proteger a tu hijo de la verdad. Va a terminar sabiéndolo todo. Y cuando digo todo, es todo.

 

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