La ventana del cuarto ha resultado ser una belleza, cuenta con un espacio interior tapizado del ancho justo de las hojas, que se abren al interior de la habitación. El sitio resulta ideal para sentarse a contemplar el paisaje o leer, como hace en estos momentos Mauricio. Bajó muy temprano para encontrarse únicamente con Acacia levantada. Ella le ha dicho que su abuela y su madre han trasnochado. Su madre salió en un taxi al amanecer, sin recostarse siquiera un rato y Tina se ha ido a dormir porque al parecer bebió algunas copas de vino en la madrugada.

Desayunó con Acacia y subió a su habitación. Abrió la ventana y se ha sentado a matar el tiempo con un libro que agarró de la inmaculada biblioteca de Tina. De vez en cuando extiende la vista al horizonte, detrás de la casa la vista es hermosa y a cierta distancia hay un bosque precioso que a su entender es parte de la propiedad. Los árboles se mecen suavemente con la brisa matinal.

Siente un murmullo bajo su ventana y se inclina peligrosamente sobre el borde a ver qué ocurre. Un hombre con extraño atuendo lleva de las riendas a un caballo. El hombre mantiene una conversación por lo bajo pero muy animada con el caballo. Mauricio picado en su curiosidad suelta el libro y baja las escaleras veloz. Atraviesa la estancia y sale por la puerta trasera de la casa al patio, donde el hombre ahora da instrucciones a un caballo gris que trota a su alrededor describiendo un círculo.

—Hola —saluda al desconocido, levantando además una mano.

El desconocido se voltea un poco sobresaltado, le mira y acto seguido va recogiendo las riendas del caballo hasta que éste se sitúa a su lado.

—Hola —responde el desconocido mientras se acerca a Mauricio despacio —No sabía que teníamos público —agrega con una sonrisa.

—No hay público, solo soy yo. Te vi desde la ventana —dice señalando con el dedo la ventana en lo alto

—No sabía que Tina tenía invitados. Disculpa mi mala educación, soy Gabriel —dice extendiendo la mano —¿tú eres?

—Yo soy Mauricio, gusto en conocerte. ¿Trabajas para mi abuela?

—¿Tu abuela? ¿Te refieres a Tina? No sabía que Monique ya tuviera familia —Gabriel rasca su mentón de forma dubitativa. —Eres muy grande. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la boda?…

—Ni siquiera conozco a la tía Monique, soy el hijo de Danielle. —le dice el niño.

—¡Claro, la hija mayor de Tina! —agrega Gabriel

—En realidad es menor —le corrige Mauricio divertido —¿trabajas aquí?

—¿Yo? Noo… para nada. He comprado una pequeña finca cerca de aquí, no es muy espaciosa y el caso es que me gustan los caballos y Tina tiene unos magníficos establos y me los ofreció hace tiempo. Nada, solamente tengo mis caballos aquí, nada del otro mundo.

—¿Por qué vistes tan raro? —pregunta Mauricio un poco aburrido con las explicaciones de Gabriel.

—No es raro. Es ropa de montar. ¿Te gusta montar? —dice medio distraído Gabriel

—Me encantaría montar, ¿puedo?, es que no sé, nunca lo he hecho —dice el niño con ilusión

Gabriel se rasca el mentón nuevamente, una incipiente barba cubre su mejilla y mentón, mira alrededor como buscando una ayuda que no va a llegar. Después de pensarlo un poco regresa la vista al jovencito que tiene delante y que lo mira ansioso.

—En Anubis no, —responde finalmente Gabriel, observando cómo se transforma en decepción el rostro de Mauricio. —Pero creo que puedo presentarte a alguien que sería perfecto. Sígueme. —Suelta las riendas de Anubis y camina de prisa hasta los establos, el chico a poca distancia de él

Empuja la puerta de los establos, detrás de una barrera un caballo blanco resopla, la visión de su dueño le pone feliz y se nota en sus modos.

—Mauricio, ella es Olivia —Mauricio se acerca despacio extendiendo una mano y Olivia resopla en ella, arrancándole una risa nerviosa al niño.

—¿Con ella puedo aprender? —pregunta Mauricio

—Espera afuera que la voy a ensillar para ti —responde Gabriel con una sonrisa

Mauricio sale de los establos y se queda mirando a Anubis por un rato. Es un animal hermoso. Con un pelaje corto y de color gris, casi negro en las crines y la cola. Muy musculoso y fuerte. Aun fascinado con la visión, ve abrirse la puerta del establo. Olivia es más hermosa aun, con su larga melena rizada de color blanco. Gabriel la acerca al chico y éste nota como le acaricia tras la oreja y le susurra palabras quedas al oído. La yegua se queda quieta y mansa a su contacto.

—¿Listo? —pregunta Gabriel con una sonrisa

—Listo —responde el niño

Gabriel junta sus dos manos y se inclina, para que Mauricio pueda apoyar un pie y elevarse sobre Olivia, que está dispuestísima para el paseo. Después de subir, Mauricio se queda un poco confundido al ver que la yegua no se mueve de su sitio, por lo que le pregunta a Gabriel.

—¿Y ahora qué? —al escuchar la pregunta, Gabriel muy serio le dice

—Ya has montado, es hora de bajarte —el rostro del niño es un poema y Gabriel no puede hacer más que desternillarse de la risa, el niño comprende que es broma y comienza a reír también. Después del momento hilarante Gabriel le dice

—Es sencillo, con los talones golpea suavemente en sus costados, puedes también palmear su grupa, mientras aflojas las riendas que llevas en la mano. Tienes que animarla. Recoges las riendas cuando quieras detenerte
Tira de ellas suavemente, no de golpe, así se detendrá. Tiras un poco de la rienda a la derecha o la izquierda según donde quieras ir. Olivia será como una extensión de tu cuerpo. Hará lo que deseas si le muestras cómo.

—Es como bailar ¿no? —pregunta Mauricio.

Gabriel chasquea los dedos y mueve su cabeza afirmativamente

—Exacto. Lo has entendido. Ahora espera por mí, sin moverte, que voy por la silla de Anubis —dice y vuelve a desaparecer en los establos. Al rato vuelve, prepara a Anubis para montarlo. Se vuelve al chico y con un gesto lo invita a poner en práctica lo que le ha explicado. Mientras, de un salto, en un parpadeo, Gabriel ya está sobre la silla y trotando a su alrededor. El chico lo intenta pero nada sucede, así que en una de las vueltas Gabriel da una palmada sobre la grupa de Olivia y le dice al chico —Un poco más fuerte, que no es de mantequilla —una risa nerviosa escapa de los labios de Mauricio cuando Olivia empieza a trotar.

Pasados unos minutos, la melena de Olivia ondea como una bandera al viento y Mauricio va a todo galope junto a su nuevo mejor amigo, Gabriel.

 

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